Con un poco de exageración, podemos decir que dividimos a los animales en los que comemos y los que no. En nuestro país, por ejemplo, no comeríamos un perro, ni siquiera un gato o un zorro, pero podemos comer un cerdo, una vaca o un pollo sin problemas. En otros países, por supuesto, es diferente. En Perú, por ejemplo, se comen cobayas, y en África insectos. Por tanto, merece la pena analizar las causas de esta división.
Lo primero y más importante, por supuesto, es el sabor de la carne. En general, la carne de los carnívoros es mucho más dura y tendinosa que la de los herbívoros, por no hablar del olor típico. Entonces, ¿por qué comer algo cuando tenemos a nuestra disposición una opción mucho más sabrosa? No es sólo el caso de los humanos, sino de todo el reino animal. Una gran rapaz, por ejemplo, podría cazar fácilmente un zorro o un gato, pero si tiene la oportunidad, preferirá un conejo o una liebre, aunque estén en la misma categoría de peso.

En los humanos, sin embargo, se añade otro factor, a saber, si el animal es más útil vivo o muerto. Pensemos en un perro. Sin duda podemos utilizarlo como alimento. ¿Pero no es más rentable utilizarlo en la caza, cuando nos dará mucha más comida? ¿O para proteger nuestra propiedad y a nosotros mismos de posibles ladrones? ¿O en el caso de los gatos, cuando protegen nuestro ganado de los roedores, que podrían destruirlo muy fácilmente? Esto también es algo que desempeña un papel muy importante.

Luego está la disponibilidad de comida. Si un animal es suficientemente sabroso y está disponible, es probable que nos lo comamos, aunque no se encuentre en otro país. Un ejemplo típico serían los escarabajos. ¿Por qué los comen tan a menudo en África? Porque era prácticamente el único alimento disponible en determinadas épocas. ¿Por qué los musulmanes no comen cerdo? Porque la religión se originó en condiciones desérticas en las que este tipo concreto de carne se estropeaba muy rápidamente.
Así que resulta que incluso aquí hay razones perfectamente pragmáticas por las que comemos unas especies y no otras, por muy bonitas que parezcan.